THE HELLACOPTERS…Respect for the Action Rock!!!!

El caso de Nicke Andersson debe ser uno de los más curiosos dentro del Rock/Metal con raíces suecas. No se puede entender el aporte de Entombed al Death Metal sueco y mundial sin el genio conceptual y sonoro de su baterista y fundador, como podemos notrarlo en sus primeros tres LPs, editados todos a comienzos de la década del ’90. Pero al tipo lo movía su pasión por el Hard Rock de los ’60 y ’70, esa música de guitarras filosas y con el olor a aceite de motor, propio de cualquier garage. Esa misma pasión fue lo que lo unió a Dregen -roadie y futuro componente de los punketas Backyard Babies– para formar un proyecto paralelo, menos rígido y brutal que su banda titular, aunque «Wolverine Blues» (1993) ya exponía las preferencias de un conjunto que tenía en un altar a Slayer y Celtic Frost mientras disfrutaba, igualmente, de ídolos de infancia y adolescencia como Kiss. Rock puro, rock duro. Con la parafernalia de los ’70, la más genuina y ambiciosa a la vez que tuvo el Rock en toda su historia.

Todo lo mencionado anteriormente es necesario para entender y disfrutar la base sobre la que The Hellacopters defiende los principios de un estilo que no tiene pelos en la lengua para esparcir su vibra macarra de transgresión a prueba de todo. Guitarras en llamas, literalmente, baterías destartaladas que salpican sangre y sudor en cada golpe, estructuras compositivas que no buscan probar nada nuevo, sino vivir al límite y llevarlo a la música al más puro estilo de la vieja escuela. Motörhead, Blue Cheer, The Damned, Misfits, The Stooges, Ramones… Todos nombres que convergen en una firma apasionante e intrépida por naturaleza, al punto de que la crítica especializada durante la década del ’90 no podía entender cómo el baterista de una de las bandas más feroces del entonces popular Death Metal, se convertía a un estilo más simple y festivo, pero no por ello menos peligroso. Para los puristas del género, Nicke Andersson cometió un acto de traición -una patada en el estómago la noticia de su renuncia a Entombed, allá en 1997-, quizás ignorando que su nuevo proyecto transmitía una sensación de honestidad que, por entonces, empezaba a escasear en el panorama musical a nivel global.

A esas alturas, The Hellacopters alcanzó un punto en que llegó tan alto que nunca más volvería a repetir tamaños hitos a nivel discográfico. El bajón creativo de «Rock n Roll is Dead» (2005) -título profético respecto al estado de la industria musical desde hace más de una década hasta hoy- y el desastre comercial que significó el álbum de covers «Head Off» (2008) derivaron en la decisión de bajar el telón en el tope de su éxito, como la propia banda aseguró ante los rumores de un supuesto quiebre interno. Y es totalmente comprensible si se toma en cuenta que The Hellacopters nunca se sometió a los parámetros de una industria que exige ‘éxitos’ a costa de la integridad artística, aunque hay una facción de la crítica especializada que los suele asociar a la «nostalgia» de una era. Juzgue usted.

 Hoy, con el tándem Nicke Andersson-Dregen-Anders Lindström-Robban Eriksson de vuelta al ruedo desde hace casi un lustro, nos preparamos acá para un debut que demoró su par de décadas en concretarse. Por lejos, será el momento más esperado para quienes rendimos culto a muerte al Rock como la única bandera a portar por sobre todas las cosas. Como suele decir el periodista argentino y escritor musical Sergio Marchi, el Rock es libertad y no tiene porqué posicionarse en veredas que poco y nada de seguridad nos da a la gente común, al que escucha y siente la música como una forma de patearle el culo a cualquier obstáculo. Lennon, Hendrix, Lemmy, Richards, Morrison, Berry, Joey y Johnny, Page, Dio, Scott, Janis, Allman, Iggy y otros nombres presentes en el ADN de una institución que rescata valores que jamás debieron estar ausentes. El Rock es mi Pastor y The Hellacopters es mi Biblia.

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